Reseña: Voces de Chernóbil

Voces de ChernóbilVoces de Chernóbil de Svetlana Alexievich
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“Chernóbil para ellos no era una metáfora ni un símbolo, era su casa.


Hagamos un experimento. Pregúntale a alguien, a cualquiera: ¿Cuál crees que es la peor tragedia que ha tenido que soportar la humanidad? Probablemente algunos mencionarán a Hitler, otros tal vez hablen de Hiroshima y Nagasaki, incluso algunos, quizás, mencionen el terrorismo. ¿Pero cuantos crees que te responderán “Chernóbil”?

Todos lo hemos escuchado nombrar. Todos sabemos al menos lo básico: se incendió un reactor nuclear, la ciudad ahora es un pueblo fantasma, los niños y animales de la zona presentan mutaciones genéticas. Y, a pesar de saber todo eso, a pesar de haber visto terribles fotografías y documentales, si antes de leer este libro alguien me hubiese preguntado: “¿Cuál crees que es la peor tragedia que ha tenido que soportar la humanidad?”, Chernóbil ni siquiera hubiera pasado por mi mente.

“El hombre armado de un hacha y un arco, o con los lanzagranadas y las cámaras de gas, no había podido matar a todo el mundo. Pero el hombre con el átomo… En esta ocasión toda la Tierra está en peligro.”

Voces de Chernóbil, no es la historia de que pasó el fatídico 26 de abril de 1986, de eso, como lo dice la misma Svetlana, ya hay muchos otros libros. Este es el relato de después. La historia de los “sobrevivientes”. Acá, aunque se habla de la muerte (¿y cómo no hacerlo?), el protagonismo lo tienen las emociones de cada uno de los entrevistados -viudas, liquidadores, madres, niños, campesinos, ingenieros- su culpa, amor, miedo y aceptación. Su desesperanza.

“Un niño de siete años. Cáncer de tiroides. Quise distraerlo con bromas. El chico se giró cara a la pared: «Sobre todo no me diga que no me moriré. Porque sé que me voy a morir».”

Todos podemos cerrar los ojos e imaginar la guerra. Hemos crecido rodeados de ella, la hemos visto en el cine, en los libros, documentales y noticias. Que si la Primera Guerra Mundial, que si la Segunda, la Guerra del Golfo, la Guerra Fría, Irak, Irán, Vietnam, Ruanda, Sudán, Afganistán… es infinito. Y nos hemos vuelto indolentes. Nos parece normal. Nos hemos acostumbrado a las matanzas y nos hemos acostumbrado a la muerte. Pero lo que este libro nos muestra va mucho más allá. Somos testigos de una realidad mas devastadora que cualquier ciencia ficción. Te abre los ojos a un mundo donde lo que todos damos por sentado, no es posible: bañarse en la lluvia o el río, disfrutar el olor de las flores, comer los frutos de los arboles, recostarte en la arena a tomar el sol. Un mundo donde cada sonrisa y cada animal es un milagro.

“Hace tiempo que me he descubierto enseñándome a ser más atenta con el mundo que me rodea. Con mi entorno y conmigo misma. Después de Chernóbil, esto te sale por ti mismo.”

Un testimonio que me ha afectado tan profundamente (más de lo que creía posible), que no estoy segura de recomendarlo. Tal vez, solo si te sientes preparado para no volver a ser el mismo. Porque este es un libro capaz de cambiar el mundo. Capaz de cambiar tu forma de pensar. Capaz de cambiarte.

“No perdimos una ciudad, sino toda una vida.”

 


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